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Apropósito de la fuga de 13 peligrosos delincuentes de la cárcel de mayor seguridad de nuestro país .
publicada el miércoles 17 de julio de 2013.-
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Una muerte cada 37
horas, miles de torturas cada día
CÁRCELES ARGENTINAS EN LOS 10 AÑOS "K"
(AW) Con la sala
de ATE repleta se presentó el Informe de la Situación represiva en la década
“K” realizado por Correpi y nuestra Agencia: "Una década ganada,
¿para quién?", el pasado lunes 15. Antes del sustancioso
intercambio entre los luchadores presentes, María del Carmen Verdú explicó
las distintas modalidades represivas (gatillo fácil, desapariciones, presos
políticos, patotas, represión al conflicto social,10 años de cooperación con
el imperialismo, etc) abordadas en el material. Luego, Oscar Castelnovo se
refirió al Capítulo Cárceles que la AW aportó al Informe.
Precisamente, éste es el 1º trabajo que brindamos en la presente entrega de
nuestro anticarcelario Para La Libertad y luego continuaremos con el resto
del valioso material de la investigación.
Cápitulo Cárceles
A lo largo
de la década, el estado nacional y los provinciales desplegaron un plan
sistemático de represión clandestina destinado a arrasar a los seres privados
de libertad. Así, reeditaron con ahínco prácticas de la última dictadura
cívico-militar: homicidios, picana, submarinos, flagelaciones, camas de
sujeción y suicidios fraguados. También, tuvieron lugar “la bienvenida”, “el
pata-pata”, “el puente chino” y “la pirámide” que no fueron los ritmos top de
la noche “K”, sino torturas ritualizadas de los servicios penitenciarios. El
asesinato de mujeres en prisión se ensañó con las chicas más indóciles de los
barrios vulnerables. Al mismo tiempo, en este período, se amplió el número de
presos y cautivas cuya cifra superó a los confinados de cualquier otro gobierno
post-tiranía. Por su parte, “los grises” reclutaron presos y así tercerizaron
una cuota de su violencia, sostuvieron la gobernabilidad y ensancharon sus
negociados, de modo insuperable desde el 83’. Los estudiantes del Centro
Universitario Devoto, ejemplo de autonomía y pensamiento crítico, que poseen
solo un 7 por ciento de reincidencia frente al 50 por ciento de los otros
espacios, sufrieron el intento más furioso de destrucción por parte del
estado nacional en 25 años de existencia. Los jueces resplandecieron por su
deserción a la hora de garantizar la integridad y la vida, pero fueron parte
protagónica del exterminio. De tal manera, en el último bastión de la
exclusión y la miseria los “perdedores de la década” sucumbieron o
sobrevivieron -malamente- a una garroterapia que, articulada con dispositivos
más sutiles de aniquilamiento, fue la política esencial de los estados
nacional o provinciales. Ellos son responsables de –por lo menos- 2350
muertes, cuando la prisión-, solo debe restringir la libertad ambulatoria.
Entre otros sustanciosos datos, así lo revela el siguiente Informe sobre los
últimos 10 años en las cárceles de mala muerte de la Argentina.
Si al decir de
Albert Camus una sociedad debe juzgarse por el estado de sus prisiones, el
kirchnerismo se halla en serios problemas porque en las cárceles argentinas
son aislados para su neutralización, devastación o exterminio los sectores
considerados ‘sobrantes’, excluidos de un capitalismo que los despoja de su
humanidad tras los muros. Y también aquellos que lo combaten, claro está.
Así, la clase dominante de la sociedad que parió a los habitantes del
encierro, implementó para ellos políticas de miseria y marginación, en la
inmensa mayoría de los casos, y, luego, los segregó tras las rejas. No para
“reinsertarlos” a una comunidad a la que casi nunca pertenecieron, sino para
castigarlos a penas no previstas en el Código Penal: el aniquilamiento de su
entidad humana o el exterminio.
La prisión
murada, tal como la conocemos, nació con el capitalismo y el territorio de su
fracaso para los fines que alega su existencia abarca geografías
considerables: todo el planeta. Y la Argentina “K” no fue la excepción a la
regla. Por el contrario, la represión en sitios de encierro marca uno de los
puntos más execrables del gobierno campeón invencible en la oralidad de la
defensa de los derechos humanos. Por caso, existen pocos países en el mundo
con las prisiones militarizadas, uno de ellos es la Argentina “progresista,
nacional y popular”. Tan Nac & Pop, que con entera justicia en las
marchas se entona por las calles: “Mirá Cristina/ qué popular/ son el
gobierno con más presos por luchar”. En este tema específico superó
a todos sus antecesores constitucionales desde el 83’. Y también en todos los
otros. Así, ostenta el triste récord de haber quebrado una tradición como es
la del asilo político, enviando a seis dirigentes campesinos paraguayos y a
tres militantes chilenos a las justicias de Stroessner y la de Pinochet,
respectivamente, que continúan vivas aunque estos dictadores estén muertos.
De tal manera,
veremos en esta reseña que en la década se incrementó en todo el país el
número de privados de libertad y se confinó en el encierro más seres humanos
que en cualquier otro gobierno constitucional, la ferocidad represiva
reeditó, con ahínco, prácticas de la dictadura cívico-militar: homicidios,
picana, submarinos diversos, flagelaciones metódicas, camas de sujeción y
“suicidios” junto a otras “técnicas”. El asesinato de mujeres en prisión se
ensañó con las chicas indóciles de los barrios vulnerables, las requisas
vejatorias (vaginales y anales) prohibidas por ley, no tuvieron interrupción
-salvo excepción- y la destrucción de vínculos se acrecentó con gravedad. En
tal sentido, vale el dato que más del 70 por ciento de las cautivas son
madres. El verdugueo a los familiares y otros visitantes extendió la condena
a todos las relaciones de los seres en prisión, a tal punto que un grupo cada
vez mayor decidió no tener visitas para evitarles el hostigamiento
ineludible.
Estatal y
clandestino
Existe en el país
un plan sistemático de represión estatal y clandestina destinado a arrasar a
los seres privados de libertad. Este concepto lo formuló la fiscal federal de
Neuquén, Cristina Beute, en ocasión de presentarse el libro "Cárceles de
Mala Muerte", en esa ciudad en setiembre de 2011. Sus palabras formulan
con exactitud el despliegue de la represión de los estados en los sitios de
encierro durante la década, “ganada o perdida” según se pertenezca a la
centralidad o a los márgenes del ordenamiento desigual.
Antes de ir a
datos y cifras concretas, cabe plantear algunos interrogantes: ¿Quién debe
morir en una cárcel? Nadie. Porque para marchar preso o cautiva se debe
tener, cuanto menos, 18 años y estar saludable. Ya que si alguien está
enfermo debe ser conducido a un hospital o si tiene una enfermedad terminal a
un centro adecuado. Tampoco podría partirlo un rayo, porque -se sabe-, las
prisiones deben contar con pararrayos. Entonces, ¿cómo se explica que la tasa
de mortalidad sea mayor en los sitios de encierro que en la “sociedad libre”,
si tomamos la franja etárea de 18 a 60 años? ¿Cómo se explica que si abordamos
la variable “muertes violentas” la cifra aumente aún más? La respuesta,
nítida, se recorta en las palabras de la fiscal Beute.
También es
cierto, que el estado nacional no estuvo sólo en el despliegue de esta
política, sino que –con verdadero entusiasmo- los gobernadores de provincia,
del palo u opositores, han sido impulsores de la misma garroterapia. Por
caso, la gestión de los Sapag en Neuquén fue un continuo festival de muerte,
impunidad y hostigamiento. Así, en la Unidad 11 los presos son llevados
desnudos al patio en la madrugada, con temperatura bajo 0 o cercana, y
manguereados con agua fría se les obliga a cantar el Himno Nacional. Sin
olvidarnos de las masacres sostenidas en Buenos Aires, Santa Fe o Mendoza ni
de los muertos y las camas de sujeción de Córdoba.
En igual sentido
no debemos dejar en el tintero el desempeño nefasto de “la Familia Judicial”,
responsable directa de la integridad y la vida de seres humanos que el estado
resuelve encerrar. Los magistrados resplandecieron por su deserción a la hora
de proteger los derechos conculcados y, así, estos hombres y mujeres
formalmente encargados de administrar justicia, son culpables de miles de
muertes y abandonos de persona, con credenciales de impunidad e ingresos
acordes al linaje. Por otra parte, ya se lo había dicho el Moreno a Fierro en
la inmortal payada: “Es la ley como la lluvia/ nunca puede ser
pareja/ el que la aguanta se queja/ pero el asunto es sencillo/ La ley es
como el cuchillo/ no ofende a quien lo maneja”.
Pruebas al canto
En 2002 había
alrededor de 46 mil privados de libertad en la Argentina. Hoy suman,
aproximadamente, 65 mil. Durante los 10 años “K” las cárceles federales
mantuvieron un “promedio histórico” de 50/60 muertes. No fue fácil que estos
decesos, en su mayoría asesinatos, fallecimientos por abandono de persona o
suicidios inducidos, vieran la luz. Durante años se regateó o tergiversó la
información. En una diversidad de vaivenes entre el ocultamiento y los datos
recortados, el Ministerio de Justicia decidió –durante un tiempo-
publicarlas, claro que casi todas bajo la fórmula “paro cardiorrespiratorio”.
Pero por orden de Aníbal Fernández, más tarde desaparecieron de la esfera
pública las muertes en las prisiones del Servicio Penitenciario Federal.
Recién se reestablecieron, retrospectivamente hasta el año 2000, después de
una presentación de la Procuración Penitenciaria de la Nación, en 2007/2008.
Por su parte, el
Servicio Penitenciario Bonaerense de Scioli y Casal tuvo un promedio de
120/130 muertos por año. De este modo, sumando el SPF y al SPB tenemos
170/190 muertes cada 365 días. Si agregamos un estimado mínimo de 50/60
muertes por año en el resto del país, con los “grises bravos” de provincias
como Mendoza, Santa Fe, Neuquén o Córdoba, entre otras, tendremos entre 2200
y 2500 casos en la década. Si ubicamos en 2350 los casos (promedio entre
ambas cifras) obtendremos el espeluznante resultado una muerte cada 37 horas.
Semejante cantidad de seres humanos que sucumbieron cuando la condena sólo
restringía su posibilidad ambulatoria, revela la saña de la política estatal.
¿Cómo llegamos a
este “mínimo estimado”? El siguiente fue uno de los caminos. Si el SPF
mantiene en sus penales a 10 mil seres humanos aproximadamente, la cifra
trepa a más del doble de prisioneros y cautivas en el resto del país (entre
23 mil y 25 mil), exceptuando a la provincia de Buenos Aires. Cómo ya se
dijo, el “promedio histórico” de los grises federales es de 50/60 muertes
anuales. Este mismo total de casos es el que “estimamos” –cuanto menos-, para
más del doble de esa población carcelaria, aislada en prisiones dispersadas
por todo el territorio nacional, que carecen de contralor alguno, lejanas de
toda observación, en las que raramente y aún costo altísimo, pueden
trascender las denuncias.
Ciudad Interna
Asimismo, cuando
decimos un “estimado mínimo” y fijamos en 50/60 muertos anuales en el resto
del país, es decir sin contar las cárceles federales y las de la provincia de
Buenos Aires, no tenemos dudas de estar en lo cierto. A modo de apuntalar
esta aseveración, más abajo brindamos los datos reunidos por compañeros
presos y militantes solidarios extramuros agrupados en Ciudad Interna,
quienes elaboraron el siguiente listado donde se reúnen las muertes en las
cárceles y algunas comisarías de Santa Fe, que tan solo en el año 2010
sumaron 24 jóvenes. No olvidemos que por entonces gobernaba el “socialista”
Hermes Binner. En las prisiones lo nombraban “Herr Binner” y al meticuloso
informe que continúa lo llamaron “Al mejor estilo nazi”
Caídos 2010
1-González Matías
Ezequiel: [Unidad. 11] - (15-05) - Heridas corto punzantes
2-Lator Cristian
Eduardo: [Unidad. 11] - (28-05) - Enfermedad
3-Muñoz Héctor
Osvaldo: [Unidad. 10] - (20-03) -Enfermedad
4-Nievas Sergio
Francisco: [Unidad. 1] - (05-03) - Cae de un techo del Iapip
5-Puchol Humberto
Damian: [Unidad .1] - (19-01) - Heridas corto punzantes
6-Repetti Héctor
José: [Unidad .1] - (16-03) - Heridas corto punzantes
7-Trejo Pablo
Marcelo: [Unidad .1]- (24-02) - Heridas corto punzantes
8 -Flores José
Alberto: [Unidad .1] - (18-01) -Enfermedad
9-Peretti José
Héctor: [Unidad .1]- (17- 03) - Picaduras de abejas
10-Guzmán
Osvaldo: [Unidad .11] -(27.06) -Enfermedad
11-Céspedes
Ceferino: [Unidad.-11] - 10-09 -Enfermedad
12- Herrera
Cristian: [Unidad.-11] - (22-10) - Heridas corto punzantes
13- Correa
Alberto [Unidad. 2 ] (31/12/2010) - Quemado
14- Ramos Daniel
(Unidad. 1) (Nov. 2010) - Vih
15- Núñez Luis
Casimiro [Unidad 10] Enfermedad 25/11
16- Fosatti Juan
Pablo (26/03) [Unidad. 2 ]
17- Romero
Alberto (17/10) [Unidad. 3] Enfermedad
Dependencias Policiales
18-Godoy Jesús
Ramón: [Comisaría Tercera Rosario] (25-01) -Ahorcamiento
19-González Juan
Manuel: [Alcaldía Rosario] (17-04) - Heridas corto punzantes
20 -Alan
Carestía: [Comisaría Segunda Rosario] (29-04) - Ahorcamiento
21 -Gómez
Luciano: [Comisaría Fighera] - Ahorcamiento
22- Villa
Cristian: [Alcaldía Rosario] -Enfermedad
23- Suárez Rubén
Darío [Unidad Regional XVI] (09-07) - Ahorcamiento
24- Herrera
Eduardo: [Comisaría Trece Rosario] (7/12/) - Enfermedad
“Desde Ciudad
Interna al ver estas escalofriantes nominas, con infinito dolor por los
compañeros caídos y concientes de que en cualquier momento puede estar el
nombre de alguno de nosotros en ellas, llamamos a la reflexión para que este
exterminio masivo y sistemático de personas que esta llevado adelante el
estado santafecino se termine”, así concluye el Informe de los compañeros.
Cabe, destacar
que ese año, las autoridades de Santa Fe solo reportaron 14 casos de muerte.
El mismo encubrimiento es política en todo el país. De allí nuestro “estimado
mínimo”.
Como dato
importante, el Informe anual 2011 de la Procuración Penitenciaria de la
Nación indica que en ese año las muertes violentas en cárceles federales
treparon al 59 por ciento de las totales. Al tiempo que “el crecimiento
exponencial de fallecimientos traumáticos obedece principalmente al
resurgimiento de muertes por herida de arma blanca, íntimamente vinculado con
la imposición de gobiernos del espacio carcelario a través de la violencia
directa, tercerizada o habilitada por la agencia penitenciaria y la
profundización de muertes en contexto de incendio”.
A la vez, la
Procuración alerta sobre la manipulación de las muertes violentas, dado que
“los registros son tergiversados por la administración penitenciaria que
niega el carácter violento a los suicidios y accidentes”. De esta manera,
para el SPF no son muertes violentas los ahorcamientos ni las que ocurren a
consecuencia de los incendios, que las grises autoridades contemplan extasiadas
hasta que se extinga el fuego. Y las vidas con él.
Valores y dublé
Cómo se sabe, la
dictadura inició en la Argentina la etapa neoliberal que consolidó, con
creces, el menemismo de los 90’. Una de sus consecuencias más trágicas fue la
derrota cultural y específicamente la sufrida en la dimensión axiológica. Por
su parte, el kirchnerismo incrementó ese quebranto de valores donde se
naturaliza la conducta oprobiosa y, por caso, concibe a la acción
política como una inversión que, desarrollada sobre la opresión y la
manipulación social, devendrá en más poder, cuentas suizas y lujos de
funcionario. La corruptela de quienes gerencian y mediatizan los intereses de
distintas fracciones de las clases hegemónicas, es estructural al sistema,
solo que en la actualidad se perpetra casi sin disimulos.
Y, por otra
parte, la negativa oficial de estos desvalijamientos, ha improvisado un
singular casting para los funcionarios, de los cuales surgirán figuras
promisorias para el teatro nacional, junto con sus patrimonios en evolución
vertiginosa. Caso distinto, por ejemplo, al de Brasil donde Lula Da Silva y
Dilma Rousseff decidieron la renuncia de cerca de 20 ministros por corrupción
y ningún denunciante de estas malversaciones, desfalcos o simple introducción
de “las manos en la lata” fue acusado de estar pago por la “derecha”. De
ningún modo hacemos una defensa de la dirigencia brasileña en el gobierno,
solo marcamos un matiz. En fin, la moral rastrera del Viejo Vizcacha se
impone sobre la de Martín Fierro entre los hombres y mujeres del gobierno
“popular” en esta zarandeada tierra gaucha.
Y tal como
sucedió “afuera”, esa perdida de valores también galopó “adentro”. De este
modo, los penitenciarios reclutaron presos –en la jerga “coches bombas”- mano
de obra tercerizada para intimidar, someter, matar o de alguna manera
“explotar” contra sus compañeros de desgracia. Los motivos serán el terror,
la retribución en drogas, beneficios quizá reales o meras promesas que luego
pulveriza el tiempo, los traslados o la muerte.
Así, en algunos
casos, se borran las fronteras éticas de otrora, cuando los “cobanis” estaban
de un lado y los “delincuentes” del otro. De tal manera, los viejos “rochos”
de antes, respetuosos de determinados códigos, empezaron a ser vistos como
“los dinosaurios”, tal como lo exhibe el film “El túnel de los huesos”
(dirección Nacho Garassino, 2011). Basada en una investigación del periodista
Ricardo Ragendorfer, la película narra la osada huída, en 1991, de los
reclusos que cavaron un túnel desde el hospital de la Cárcel de Devoto y,
cuando faltaba poco para la libertad, se toparon con un macabro hallazgo: los
huesos de decenas de presos asesinados por la dictadura. Uno de ellos hace la
promesa de contar lo que encontró en las entrañas de la cárcel si consigue
escapar. Y así lo cumplió. Se trata del reconocido Oscar “Cacho La Garza” Sosa,
quien lo explica entre lágrimas, sin ficción, sobre el final del film.
Entre otros
triunfos, el kirchnerismo cuenta con el crecimiento exponencial del número de
cautivos y presas que, sin comprobarse su vinculación a los hechos que les
imputan, se ven obligados a firmar un “juicio abreviado” y declararse
culpables. Porque de este modo, su tiempo de encierro será inferior al que se
tome la burocracia judicial que, a las calendas griegas, tal vez, quizá, en
una de esas, quién sabe, establecerá su inocencia. O todo lo contrario.
Así, la década
vio un incremento espectacular de pibes del pobrerío que integran el
concurrido grupo de presos “engarronados”.
Cristina Fernández:
“Servicio Penitenciario ejemplar”
Otra práctica que
continuó y se desarrolló en estos 10 años es el despojo, latrocinios
diversos, que sufren los hombres y mujeres tras los muros. Si bien el estado
destina, con dinero del pueblo, más de 18 mil pesos por mes por cada presa/o
en cárceles federales, la salud, alimentación, los medicamentos y elementos
de higiene, serán rotundamente deficitarios en cada hora de necesidad y
ausencia. Es habitual, por caso, que cuando llega una media res a un penal,
los mejores cortes son “desviados” por los penitenciarios y así, al preso le
llega -en un guiso tumbero- el eco, del eco, del eco, de lo que fue un animal
cuadrúpedo en la pampa húmeda. A su vez, el trabajo esclavo o semiesclavo es
la constante en las mazmorras en todo el territorio argentino.
Sin embargo, del
mismo modo que durante su presidencia Eduardo Duhalde sostuvo que teníamos la
mejor policía del mundo, en referencia a La Bonaerense, Cristina Fernández de
Kirchner –en julio de 2012- elogió a su Servicio Penitenciario Federal al que
definió como “ejemplar”. La contundencia de la realidad los desmiente cada
día. El doble discurso y la negación de los crímenes, son atributos
permanentes de quienes gerencian el estado.
Asimismo, es
irrebatible que la cárcel rinde excelentes dividendos no explicitados en su
declamada justificación. Porque el ser humano que “comete un delito” genera
ingresos -llamémoslos legales- para una gran cantidad de funcionarios, a la
vez que turbios negocios en todas las instancias del recorrido de su calvario
kafkiano. Por caso, los policías que lo apresan, el abogado que lo defiende,
el fiscal que lo acusa, el juez que lo condena, los magistrados de la Cámara
que confirman su pena, la Corte que lo re-re-condena, el penitenciario que le
suma vileza y ultraje a su situación-, los diputados y senadores que
promueven leyes más duras todavía, los políticos que claman tolerancia cero
en cada campaña y los constructores de la inmensa cadena de negociados que
posibilita edificar una prisión y mantenerla. Y así hasta que la tierra se
beba la última gota de su sangre, cuando las balas, el garrote, el sida, la
locura o el suicidio -real en ocasiones, fraguado casi siempre- vayan en su
búsqueda.
El asesinato de
Peloso Iturri
Un caso
emblemático, para exhibir la ferocidad de “los grises” del SPF contra los
hombres y mujeres en el encierro es el de Argentino Peloso Iturri, quien fue
asesinado en la Prisión Regional del Sur (cárcel federal) Unidad 9 de
Neuquén. Los responsables son unos 15 penitenciarios, entre ellos un médico y
un enfermero, quienes lo ultimaron con palos reglamentarios, trompazos y
patadas. El hecho ocurrió en abril de 2008 e, inmediatamente, el director de
ese Penal y Alejandro Marambio Avaría, titular del Servicio Penitenciario
Federal (gestión 2007/2011), modificaron la escena del crimen y encubrieron a
los autores materiales. A pesar de los esfuerzos éstos se hallan procesados
por la repercusión pública del crimen a fuerza de la denuncia popular,
especialmente de los militantes de Zainuco. La U9 también es conocida como
“El cementerio”, ya que fue la última morada de numerosos presos que
padecieron “La calesita” (traslados de penal en penal por el país entero),
hasta sucumbir tras sus muros en el final del periplo. Organizaciones
populares han denunciado hasta el hartazgo que nadie pudo ingresar jamás a la
U9 como entidad humanitaria, ni como nada que pueda observar y revelar los
usos y costumbres de este verdadero campo de concentración.
Un testigo clave
del caso Peloso Iturri, que en el momento de los hechos estaba preso en ese
penal, fue entrevistado por la Agencia Walsh –mientras revestía la condición
de testigo protegido y ya se hallaba en libertad-. Se trata de Luis “El
Gallego” Abella.
El Gallego vio
cada golpe y la porfiada defensa de Peloso contra la multitud de grises
armados que lo apalearon en su celda, durante todo el trayecto al Servicio
Médico y siguieron la paliza en ese espacio. Así lo relató Abella:
"Peloso ya había venido golpeado en una pierna de otra unidad, pero se
la bancaba, se defendió y resistió lo que pudo, a piñas y hasta con los
dientes, recuerdo que a uno le mordió la mano. En un momento escucho que el
enfermero Carilao, que ya estaba atendiendo a Peloso, dice 'la concha
de mi madre'. Y le preguntan '¿Qué pasa?'. 'Palmó', respondió
Carilao. A Peloso ya le habían pegado en las costillas con los borcegos, con
los palos, en la cara. Lo rompieron todo. Hasta matarlo".
“Bienvenidos al
infierno”
La “bienvenida”,
el “pata-pata”, el “puente chino” y “la pirámide” no fueron los ritmos top de
la noche “K”. Se trata de algunas de las torturas sistematizadas de la
política penitenciaria. En tal sentido, los datos y testimonios que siguen
fueron extraídos del Informe Sobre Malos Tratos Físicos y Tortura: Un
Estudio sobre Procedimientos de Requisa, Sanción de Aislamiento y
Agresiones Físicas, producido por la Procuración Penitenciaria de la
Nación, a cargo de los investigadores Alcira Daroqui y Carlos Moto, sociólogo
y ex preso político.
En uno de sus
párrafos, los sociólogos consideran al “maltrato físico como castigo
reflejado en el cuerpo del detenido/a, el cuerpo como medio y fin de aquellos
ejercicios regulares y sistemáticos de soberanía, disciplina y control, que
en tanto dispositivos desplegados y articulados se constituyen en estrategias
de gobernabilidad en el marco de las relaciones sociales carcelarias”. (La
publicación del Informe coincidió con la divulgación pública de una
conspiración para asesinar al titular de la Procuración, Francisco Mugnolo y
al segundo de esa entidad, Ariel Cejas Meliare, urdida desde el Servicio
Penitenciario Federal, según declararon dos detenidos en sede judicial, a
quienes funcionarios del SPF le habían encargado “la tarea” y luego se
arrepintieron. Si bien los privados de libertad sucumben por muerte violentas
en la Argentina, las causas que castigarían a funcionarios se extinguen de
muerte natural”.)
Las entrevistas a
cerca de 1200 presos y cautivas, abarcó el período 2007 y
2009/2010 en
diversas unidades penales federales.
“La bienvenida”
“Lo llaman
el cocktail de bienvenida: “Te ponen en bolas, te pegan y se burlan de
uno. Es Guantánamo”. Relató un detenido haciendo referencia al campo
de concentración que el gobierno de los Estados Unidos mantiene sin tapujos
en territorio cubano.
Existe la certeza
que “la bienvenida sucedió, sucede y sucederá” y “que todos pasan por ella” y
es por eso que esta práctica reconoce una trayectoria histórica y un claro
mensaje enviado desde las más conspicuas autoridades.
Testimonios
-Cuando ingresás,
mientras te pegan, te advierten: “estos no es nada comparado con lo que te va
a pasar si haces quilombo adentro”, indicó uno de los encuestados.
Otro sostuvo que:
La ‘bienvenida’ en Devoto fue terrible, me cagaron a palos, trompadas,
estaban borrachos y me pegaron tanto que por un mes no me pude reír.
Por su parte, la
descripción de un tercero es categórica: Los penitenciarios casi me
matan, estuve a punto de desmayarme, me daban la cara contra la pared, me
cortaron la oreja y me decían: ‘viniste al infierno’.
La requisa personal
y de Pabellón
En el Informe se
detalla que la requisa personal constituye en uno de los aspectos del trato
que han designado como maltrato físico vejatorio y degradante. Registra la
peculiaridad más gravosa, el desnudo total y flexiones que da cuenta de la
exposición del cuerpo totalmente desguarnecido con el agravante de realizar
esas flexiones a efectos de “agudizar” la inspección por parte del personal
del servicio penitenciario de la zona genital-anal.
Existen cuatro
instancias en la requisa personal que son: Desnudo total y flexiones, desnudo
total, desnudo parcial y cacheo.
Las voces
-Todo el tiempo
te tenés que poner en bolas, seguro cuando entra la requisa al pabellón, pero
también cuando volvés de un comparendo de Tribunales o del hospital y de
visita, siempre te hacen desnudar por ahí tenés que agacharte pero flexiones,
no.
-Cuando entra la
requisa te desnudás y si vienen malos, te pegan palazos en los testículos”.
-En la requisa te
abren las nalgas y no les importan si estás indispuesta, hasta se manchan de
sangre. Si contestas o te resistís, te llevan a los tubos”.
-Cuando entra la
requisa, depende de cual te toque ese día, te hacen desnudar y hacer varias
flexiones para ver si se te cae algo de la vagina, pero no lo hacen por eso,
lo hacen para que te sientas mal, no respetan si sos una mujer grande, hasta
lo han hecho con embarazadas.
Requisa de Pabellón
Según explica la
investigación, la temporalidad y motivos se articulan entre sí y de allí
surgen dos tipos diferenciados de requisas: las de “rutina” y las
“imprevistas”. Las requisas de rutina en el pabellón suelen realizarse con
regularidad y los motivos ya expresados.
Por su lado, las
requisas imprevistas en el pabellón, también responden a la misma lógica,
pero deben añadirse aquellos motivos de “orden y seguridad” que les imprimen
un carácter más indiscriminado y violento.
Las causas que
“convocan” a estos procedimientos de requisas imprevistas, detectados a
partir de las respuestas de las personas encuestadas, se concentran,
básicamente, en 7 motivos, ello no implica que sean excluyentes entre sí. Se
vinculan a ‘peleas entre internos’, ‘conflictos con el personal
penitenciario’, ‘al ingreso a pabellón después de la visita’, ‘buscar droga’,
buscar objetos’, por último, lo que se presenta como particularmente
interesante es que en 19 pabellones con 574 personas detenidas, las repuestas
refirieron que las requisas imprevistas se realizan “sin motivos”.
Prácticas
ritualizadas de torturas
De acuerdo a la
Investigación, las siguientes prácticas son regulares en tanto se producen
periódicamente en el tiempo, pero además requiere de organización, recursos y
decisiones institucionales. Es decir, de un sistema que las habilite para su
despliegue y también para su encubrimiento.
Pata-Pata: reside en
patadas con los borceguíes con punta de hierro o palazos o gomazos en la zona
de los tobillos y plantas de los pies de las personas detenidas por parte del
personal penitenciario.
El puente chino: consiste en
dos filas de personal penitenciario enfrentadas dejando un espacio entre
medio por el cual pasan, generalmente desnudos, los detenidos corriendo, ida
y vuelta varias veces, durante ese pasaje el personal penitenciario los
golpea con palos, gomas, cadenas, patadas y escudos.
La pirámide: el personal
penitenciario obliga a los detenidos, con sus cuerpos casi siempre desnudos,
a apilarse uno encima de otro (la montaña humana) mientras les va pegando con
palos, los de abajo padecen situaciones desesperantes de asfixia por lo que
también pegan a sus compañeros para sacárselos de encima, si estos salen de
la pirámide son golpeados fuertemente por los penitenciarios.
“El médico es uno de
los que nos golpea”
Quizá alguien crea
que este tramo del Informe pertenece al género de la literatura de terror. No
es así. Es parte significativa de práctica “médica” en los penales donde los
doctores en medicina, los que realizaron el juramento hipocrático de defender
la vida son parte activa de las torturas y golpizas. También de la
desatención absoluta de la salud. De modo concluyente así lo denunciaron los
presos.
Los relatos:
• Quería
hacer la denuncia por los golpes y cuando vio al médico, se dio cuenta que
había sido el que le había pegado.
• El
médico es uno de los que nos golpea. Él está delante mientras nos pegan y él
también pega.
• Al
ingresar a la unidad le pegaron entre 7 u 8 penitenciarios, incluso el
médico.
• Eran como 20
cuando me sancionaron: Me pegaron tanto que me desmayaron, cuando llegué a
los buzones estaba desvanecido. El médico hizo un acta de que estaba en
perfectas condiciones y estuve tres días orinando, vomitando y defecando
sangre.
Según un tramo de
la investigación, de las 939 personas detenidas-encuestadas en cárceles
federales, 601 sufrieron agresiones físicas, (el 64,3%). De las 601 personas
que padecieron agresiones físicas, como consecuencia, 321 fueron lesionadas
(el 53,4%). Si consideramos este 53,4 como el 100% de los lesionados/as, 151
(el 47%) personas padecieron lesiones severas.
El 60,1% de las
personas lesionadas no recibieron ningún tipo de atención ni asistencia
médica.
Finalmente, los
investigadores subrayan que su investigación “ha dado cuenta que el 72, 1% de
las personas detenidas en cárceles atraviesan situaciones de malos tratos y
torturas por parte del personal penitenciario.
Traslado de Devoto
En plena época
electoral, junio de 2011, la presidenta Cristina Fernández anunció el
traslado definitivo de la Cárcel de Villa Devoto a un descampado de Mercedes,
distante a unos 100 km de la Capital. El mencionado barrio y sus alrededores
se empapelaron con afiches que rezaban: “Devoto sin cárcel, vote a Filmus”.
Varios factores convergieron para esta desatinada decisión aún no concretada.
Primero, sería
una forma de pulverizar al Centro Universitario (CUD), tan molesto con sus
denuncias de muertes, torturas y las presentaciones de hábeas corpus. También
desarticularía los vínculos de los 1700 detenidos ya que sus familias, todas
del pobrerío, no podrían pagar el viajecito desde, por ejemplo, desde Lugano,
Soldati, La Boca o La Matanza. A la vez, lesionaría el derecho a la defensa
en juicio, dado que los abogados de oficio, quienes –generalmente- suelen ir
mal, tarde y nunca a Devoto, imaginemos a Mercedes. Muchos, docentes de la
UBA no podrían hacerlo sin que se les caiga otro empleo. Y los talleristas ad
honorem pasarían por la misma situación. Las denuncias que ahora,
propiamente, se gritan desde las ventanas, se perderían en los vientos que
surcan las llanuras.
Es cierto, que
algunos vecinos de Devoto incrementarían el valor de la propiedad que
compraron más barata porque quedaba muy cercana a un penal. Negocio redondo
para el gobierno que gana votos, para los que proyectan la construcción de
coqueto shopping y para quienes aumentan su patrimonio con sangre de pobres.
Pero, es
necesario analizar el hecho desde otra mirada. Según la contundente
estadística quienes estudian en el CUD, solo tienen un 7 por ciento de
reincidencia, mientras que quienes no lo hacen llegan al 50 por ciento. El
CUD existe, a pesar del Servicio Penitenciario, dado que éste considera –con
razón- más peligroso al preso que estudia que a uno armado.
Esta organización
de estudiantes es única en el mundo, por su autogestión y la producción de
pensamiento crítico, entre otras razones. Resulta habitual ver en los
pasillos del CUD, entre imágenes de Guevara, Marx o Gramsci a investigadores
de distintas latitudes, por caso estadounidenses, alemanes, franceses, etc,
quienes concurren a ver “in situ” el funcionamiento. Todos manifiestan su
asombro y reconocimiento y llevan ideas valiosas para replicar el “fenómeno”
en sus respectivos países.
La autogestión que
irrita al poder
Claro que desde el
estado “K” no sucedió lo mismo. Nunca, en sus 25 años de existencia, el CUD
había sufrido un ataque de la magnitud que descargó el kirchnerismo a través
de Marambio Avaría. Para narrarlo consideramos valioso acudir a la voz de los
protagonistas de la resistencia. Se trata de Rodolfo “Cacho” Rodríguez,
referente de aquella lucha que entre otras medidas, sostuvo 54 días de huelga
de hambre para defender las conquistas avasallas.
“Cientos de
denuncias y reclamos vieron la luz canalizados desde el Centro Universitario
Devoto. Nuestro centro de estudiantes, hizo ya una política histórica y una
razón de ser, como colectivo, de la denuncia de las condiciones de detención
y de las prácticas aberrantes del SPF contra l@s pres@s y sus familiares, explica
Rodríguez. Por lo mismo, es un territorio simbólico que el Estado ha querido,
desde sus comienzos, desarticular por cooptación o eliminándolo. Fue en el
marco de esta tensión histórica que el CUD resultó, a partir de septiembre de
2010, objeto del ataque más profundo y virulento de los tantos que viene
sufriendo de parte del SPF en sus años de existencia: allanamientos,
traslados, atropellos a docentes y estudiantes, secuestro y robo de
patrimonio de la UBA y ataque a la autogestión en un conflicto que aún no
termina”.
Asimismo,
Rodríguez indicó que “se puede pensar que la triste historia militarizada del
SPF ha generado en sus componentes una discapacidad para lidiar en ámbitos y
situaciones, donde la fuerza bruta no sea el derecho supremo. Sin embargo, el
Director Nacional del SPF es un civil, lo cual también nos puede indicar que
ciertas discapacidades no respetan límites de indumentaria. Pero además,
¿esto fue un error de cálculo y un exceso de soberbia del Director nacional? Puede
ser. Pero, a ese nivel de decisiones, nadie hace sino en el marco de una
política de Estado, con el respaldo de -por lo menos- una autoridad política
superior. Este año 2010, entonces, ha sido un tramo en el recorrido de un
largo camino sembrado de violencia institucional, de resistencias y denuncias
plurales, dan cuenta de ello las agresiones a los compañeros universitarios y
sus visitas en la U 48 de José León Suárez, el hostigamiento permanente a las
compañeras del Centro Universitario Ezeiza (U 3), a los compañeros de Marcos
Paz y a los de Santa Fe”.
Resulta claro que
la construcción que hicieron los propios presos junto a docentes y grupos
solidarios, en el marco del Programa UBA XXII-Educación en Cárceles fue
combatida desde el Estado, en lugar de multiplicar su ejemplo.
Centro Universitario
Ezeiza
Y tal como
sucedería con el CUD en 2010, en mayo de 2008 fue allanado ilegalmente el
espacio de la UBA en la Cárcel de Mujeres. Más de doce miembros de la patota
de requisa invadieron el Centro Universitario Ezeiza y obligaron al desnudo
total y parcial con flexiones a dos de las principales impulsoras de la
solidaridad y la organización frente a la política que perpetra el Servicio
Penitenciario Federal. A la vez, revisaron computadoras y destruyeron
escritos de las estudiantes en un hecho sin precedentes en ese ámbito.
Cómo se sabe, la
UBA mantiene una autonomía que impide ingresar a la policía entre otras
restricciones. Dentro de los penales las requisas deberían realizarse con una
orden judicial que nunca existió. Y volvieron a reiterarlo, en el verano de
2013, cuando gendarmería allanó todo el penal e invadieron el espacio de UBA
en Ezeiza Mujeres.
De algún modo,
son ciertas las palabras de Cristina Fernández cuando habla de la igualdad
para “todos y todas”.
Ensañamiento contra
las Mujeres en prisión
A principios
de 2009, el Servicio Penitenciario Federal con Marambio Avaría a la cabeza
inicia la matanza, directa o tercerizada, de chicas cautivas en la ex Unidad
3, actual Complejo Penitenciario Federal Nº IV, más conocida como Cárcel de
Mujeres de Ezeiza. Así, fueron asesinadas Silvia Barby Nicodemo
y Romina La Colo Leotta (2009); Noelia Randone y Vanesa
García Ordoñez (2010); Ale La Tucu Del Valle (2011); Yanina
Hernández Painnenfil, María Laura Acosta, Cecilia Bebu Hidalgo
y Florencia La China Cuellar, en 2012.
Todas mujeres
jóvenes, indóciles a la militarización y el verdugueo. Las versiones más
antojadizas corrieron para encubrir las verdaderas responsabilidades. De
acuerdo a las explicaciones difundidas, el SPF es –indubitablemente- la
entidad más eficaz del país en la ayuda al suicida. En su ámbito ha logrado
inmolaciones asombrosas, incluso algunas daban cuenta de ahorcamientos desde
una altura menor a la de la víctima o de suicidados que se molieron a palos a
sí mismos antes de morir. Con relación a las nueve chicas ultimadas, también
los grises argumentaron alteraciones mentales y hasta peleas “entre ellas”.
Lo cierto es que si alguna muchacha tenía problemas psicológicos, entonces
aún más debió ser resguardada y contenida. Si una de las ellas sucumbió bajo
la agresión de otra presa reclutada por el Servicio, entonces se agrava la
responsabilidad de "los grises". Si existió una pelea, supongamos,
no inducida por los penitenciarios, nunca debió suceder porque para evitarlas
se suponen que están. No existe variable que exima de culpa, por la vida de
nuestras compañeras, a quienes regentean las cárceles de mala muerte de la
Argentina bajo el gobierno que más hijos e hijas del pueblo asesinó de uno y
otro lado de las rejas, luego de la dictadura cívico militar.
Vale resaltar que
Marambio Avaría -quien estuvo al frente del SPF hasta abril de 2011, -luego
fue reemplazado por Víctor Hortel-, implantó la política del “encierro dentro
del encierro”, que mantenía a los presos “engomados” (en la celda) 23 horas
al día. Sólo tenían una hora para salir al patio, llamar por teléfono y
bañarse.
Repertorio de terror
El siguiente ítem,
resulta singularmente válido para describir el aniquilamiento de mujeres en
prisión. No sólo por lo que revela, sino además por la procedencia de quienes
denuncian: Investigadoras del Ministerio Público de la Defensa de la Nación,
del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) y de la Procuración
Penitenciaria de la Nación. 27 mujeres de estas tres entidades escribieron el
volumen “Mujeres en Prisión” (290 páginas, Siglo XXI, 2011).
Precisamente de ese texto son los análisis y denuncias que prosiguen.
En el Capítulo Repertorio
de prácticas violentas del Servicio Penitenciario Federal el estudio
afirma que:
“A modo de
ejemplo, se transcriben algunos relatos de las entrevistadas que describen
estas prácticas violentas:
-[Fui] golpeada
cuando bajaba las escaleras del pabellón. El penitenciario de la requisa daba
órdenes y como la chica no habla castellano, no entendía lo que estaba
pasando, la golpearon y tuvieron que enyesarla (CPFI, Módulo V).
-Vi cómo en la
clínica llevaban a una chica a los “buzones” [celdas de aislamiento], y como
ella no quería ir, todas las celadoras la patearon; eran cinco celadoras, y la
empujaban (Unidad Nº 3).
-En la pelea del
patio, se llevaron a diez personas y a ella, a los golpes, a los “tubos”
[celdas de aislamiento], con torniquete de pelo y en el aire. La empujaron a
patadas adentro de la celda (Unidad Nº 3).
-Había una señora
que reclamaba su visita (no dejaban entrar a su visita porque no tenía
documentos). El SPF sacó a la señora de su pabellón, le pegaban patadas con
las botas, la arrastraron de los pelos, tenía la ropa rota y le sangraba la
cara. Se la llevaron a los “tubos” (Unidad Nº 31).
El SPF le puso
una bolsa en la cabeza a una interna y se la llevaron a los “tubos”. Estaba
superahogada. Eran muchos varones y le pegaban; son los “tortugas” que te
pegan cuando vas al “tubo” (Unidad Nº 3).
A la vez, se
destaca que “en las cárceles existe un amplio espectro de prácticas, algunas
institucionalizadas, que violentan la sexualidad de las mujeres. La Corte
Interamericana de Derechos Humanos, en el caso del Penal Miguel Castro
Castro, consideró que las revisiones vaginales representan un ejercicio de
violencia sexual contra las mujeres en tanto no estaban debidamente
reglamentadas, no se realizaban como último recurso, ni por personal médico.
Testimonios
-Hubo casos de
violación en los “tubos” de dos menores [por parte del SPF]. Y ni siquiera
tienen atención médica (Unidad Nº 3).
En otros casos se
revela la complicidad del SPF en el ejercicio de la violencia sexual en sus
diferentes funciones (seguridad y asistencia médica):
-Una interna
golpeó a otra, la obligó a que le practique sexo oral y la manoseaba. Esta
situación duró un año. Eran compañeras de celda. Las celadoras escuchaban y
se reían. Se escuchaba de jefatura. Las enfermeras veían los golpes, el médico
ponía “sin lesiones” (Unidad Nº 3).
“Universalidad de
los maltratos”
En general, las
detenidas relatan que la violencia ejercida por el SPF no consiste en una
intervención única y puntual, sino que se trata de un proceso de continuos
actos de violencia que se desarrollan en un lapso de tiempo determinado. En
muchas ocasiones, consiste en la sucesión de actos y vejaciones corporales.
Una
característica a subrayar es la dimensión aleccionadora (intimidante y
amenazante) de la violencia escenificada a la vista de otros. Según los datos
expuestos al comienzo del capítulo, el 69% de las entrevistadas dijo haber
presenciado hechos de violencia (donde el autor podía ser o no el SPF), el
34% dijo haber presenciado o sufrido hechos de violencia cometidos de modo
directo por el SPF, y el 13% mencionó haber sido víctima del SPF.
La universalidad
no implica que todas las detenidas sean víctimas de la violencia, sino que la
escenificación en su ejercicio conlleva la clara posibilidad de padecerla
alguna vez. Por ello, “el impacto de la violencia hacia los otros tiene una
resonancia que penetra y produce efectos de temor y de angustia en el
conjunto de la población penal”.
Con respecto a
las requisas personales, cabe resaltar que se llevan cabo exponiendo al
cuerpo en distintos niveles, lo cual conlleva el ejercicio de violencia
sexual. Se establecen grados de exposición corporal que van desde las
exposiciones menores –cacheo sobre el cuerpo vestido- y los desnudos
parciales, hasta la modalidad más degradante y vejatoria, el desnudo
total con flexiones e inspección vaginal. En el caso de las
entrevistadas, el 24% reconoció como “muy” o “bastante frecuente” la
intrusión degradante sobre la intimidad del propio cuerpo por medio de
inspecciones vaginales. A ello sigue, en escala de mayor a menor exposición
corporal, la realización de flexiones (29,1%), desnudos totales (44%),
desnudos parciales (60%) y cacheos (46%), que las entrevistadas manifestaron
soportar con un alto nivel de frecuencia.
Por su parte, las
encuestadas relataron que este tipo de inspección y control sobre sus cuerpos
puede realizarse en cualquier momento del día: luego de haber estado fuera de
la unidad –al regresar de comparendos, visitas de penal a penal, salidas
transitorias–, después de haber estado en contacto con personas externas al
penal –visitas o sus abogados–, al regresar de las actividades habituales
–como trabajo o las educativas–, luego de un conflicto entre detenidas o en
ocasión de las requisas de pabellón”.
“Condiciones
infrazoológicas”
En un segmento de
la investigación de la Procuración referido a la Unidad 7 del Chaco (federal)
se afirma que el aislamiento es un recurso claramente utilizado por el
personal penitenciario en cuanto al régimen disciplinario, es decir, como
sanción (sea formal o informal), pero siempre con un sentido sancionatorio.
Por ello, la
medida se cumple siempre con en el pabellón de seguridad, o sea es sinónimo
de “buzones de castigo”.
Así, “las
personas castigadas en los buzones transitan por condiciones de vida degradantes,
calor extremo, sin agua, sin baño, conviven con su materia fecal, con su
orina durante horas.
Voces
Pero en la Cárcel
del Chaco parece que registra una “modalidad innovadora de torturas”. Ésta es
aplica regularmente en esta cárcel cuando los presos van sancionados a los
buzones. Se la denomina “hacer el chanchito” y consiste en que “se los obliga
a desnudarse, se los “amarroca” (esposa), de pies y manos y los cuelgan con
una cadena en el cuello, las manos y los pies esposados a una reja. Luego lo
dejan dentro de la celda de aislamiento, esposado y desnudo durante algunas
horas.
Recientemente, un
fiscal y un miembro de la Procuración se refirieron a la represión en esta
Unidad 7. Así, el titular de la Procuvin, Abel Córdoba, destacó
que:"Preocupa saber que si en el sistema carcelario se matara o
torturara al doble o triple de víctimas que actualmente, el sistema judicial
probablemente siguiera imperturbable, más ocupado en el manejo de fondos que
en la muerte de las personas que encierran en cárceles donde el mismo sistema
judicial permite condiciones de alojamiento infrazoológicas"
La condena sin fin
Otro interrogante
que nos ocupa es si a su regreso a las calles, el preso ¿recupera su
libertad? No necesariamente. Casi la totalidad, sufrirá las consabidas
discriminaciones laboral, social y, en ocasiones, hasta la familiar por su
condición de “oveja negra”. Pero, ¿habrá escapado, por caso, de los agentes
estatales que le dieron “máquina” en las comisarías para que “confiese”? No
es tan sencillo. Resulta altamente posible que el oficial de calle vaya a
verlo, -con el dato brindado por el servicio penitenciario sobre su actual
situación de hallarse en “libertad condicional” y, sencillamente le
notificará que le adeuda dinero al comisario. Pero, magnánimo, le otorgará
facilidades de pago. Él y sus camaradas le “liberarán” la zona a bordo del
patrullero para que “trabaje” y reúna los billetes. Si se niega a robar o
vender droga para “la fuerza”, entonces le armarán una ficción de causa e
ingresará a la categoría de “preso garrón”, después de ser molido a palos y
sufrir la violación de su mujer y/o hija. Si, en cambio, resuelve “trabajar”
en las zonas libres y custodiadas, al cabo de un tiempo conocerá la identidad
y “los yeites” de uno o varios policías y se convertirá en un problema.
Entonces, o improvisa un “vuelo” vertiginoso de esas calles, lejos de los suyos
y al desamparo, o caerá bajo las balas de un gatillo fácil aunque los
titulares sostengan que: “Murió un hampón en feroz enfrentamiento”.
Esta práctica se
extendió a lo largo y a lo ancho del país y explaya la condena por tiempo
indeterminado. Organizaciones populares de la provincia de Buenos Aires y
Córdoba fueron quienes más denunciaron esta modalidad descargada vorazmente
sobre las familias indefensas.
En contados
casos, el ex preso que se anima y denuncia, tal vez encuentre a un fiscal que
–excepcionalmente-, dispare un “tiro pal’ lado de la justicia”. Entonces se
marcan los billetes “adeudados” y entregados al comisario. Lo que constituye
luego una evidencia irrefutable. Sin embargo, nunca habrá castigos, solo un
pase a disponibilidad o un traslado para que “el 5” (así se le llama al
titular de una comisaría) perfeccione en otra jurisdicción sus “yeites”
alevosos.
“Es muy triste vivir
con ese dolor y no hacer nada”
A su vez, en
parte de la sociedad se ha naturalizado, machacosamente, que los habitantes
del encierro son merecedores de las condiciones inhumanas de existencia que
padecen, porque –se sabe- “están presos y no en el Sheraton Hotel”.Y además,
¿qué derechos humanos pretenden?, si son “la escoria”.
Contradiciendo
este “tópico típico”, elegimos como cierre de este sucinto Informe sobre las
prisiones argentinas en tiempos “K”, los argumentos que expresó el Gallego
Abella, cuando se le preguntó por qué había denunciado públicamente el crimen
de Peloso Iturri -descripto más arriba-, siendo que ponía su vida y la de los
suyos en grave e inmediato peligro:
-“Antes de
decirle por qué puse la denuncia, quiero explicarle una cosa: cuando usted
está preso, usted no puede poner una denuncia, porque nadie le cree a un
preso. Y segundo, si usted se queda en la misma Unidad después de denunciar,
mañana aparece muerto. ¿Y por qué la hice? Me fui a la celda, llamé a mi
señora, le conté y ella me apoyó: ‘poné la denuncia’, me dijo. ¿Por qué la
hice? Porque es muy triste ver morir a un preso así. Si usted estuviera
adentro... A mí me faltaban seis meses para la libertad y me tuvieron que
sacar fuera del Servicio Federal para que no me maten. Yo preferí correr los
riesgos, porque es muy triste vivir con ese dolor adentro y no hacer
nada".
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